Inés Saavedra en 3 min

Beneficios de la música y del aprendizaje de música en los niños

La semana pasada me publicaron este artículo en la revista Guía Infantil sobre los beneficios de la música y del aprendizaje de música en los más pequeños.

Que los más peques disfrutan de la música desde bien pequeños, no es ninguna novedad. Seguro que los has visto mover sus caderitas instintivamente al son de la misma cuando empezaron a dar sus primeros pasitos o los has escuchado tararear la melodía e intercalar algún vocablo semi-inteligible cuando empezaron a hablar.

Aparte del disfrute que les supone escucharla, en ambos casos son evidentes los beneficios de la música como estimuladora de la motricidad y del habla.
Pero la música y el aprendizaje de música tiene múltiples beneficios que no son tan evidentes y que se manifiestan en una multitud de áreas durante el desarrollo de los más peques, tanto a nivel sensorial y motriz como a nivel intelectual, sicológico y sociológico.


Por ejemplo, para cantar una canción o tocar un instrumento, el niño/a previamente tiene que realizar un ejercicio de escucha activa, lo que desarrolla su capacidad de atención, memoria y concentración.
El cantarla se estimula la etapa de alfabetización ya que mejoran la forma de hablar a través de la repetición de versos y rimas, aprendiendo además el significado de las palabras.

Si la acompañan de un baile, tal como mencionábamos al comienzo, se estimula el desarrollo psicomotriz a través de los diferentes movimientos corporales.
Esto también ocurre cuando se aprende a tocar un instrumento, ya que por ejemplo deben aprender a utilizar las manos si están aprendiendo a tocar el piano o cualquier otro instrumento de cuerda (como la guitarra o el violín), a utilizar la boca y el mecanismo respiratorio en el caso de cualquier instrumento de viento (como la flauta), o la coordinación de brazos, manos, piernas y pies cuando aprenden batería o percusión.

Por otra parte, al compartir una canción con sus semejantes, desarrollan confianza y seguridad emocional; habilidades sociales a través de la colaboración y se forman en el respeto mutuo y en la tolerancia al escuchar a los demás.

Algo muy interesante es que facilita el aprendizaje de las matemáticas y de los idiomas. En el primer caso ocurre porque la lógica y las matemáticas son imprescindibles para entender y seguir el ritmo. En el caso de los idiomas, ocurre no sólo por lo que mencionamos sobre el desarrollo de la memoria, sino porque se educa el oído para distinguir las variaciones en los sonidos.
Y todo esto se potencia aún más cuando aprenden a tocar un instrumento leyendo una partitura donde tienen que “traducir” las notaciones musicales (notas, figuras de nota, clave, etc) como si estuvieran leyendo otro alfabeto.

En el caso del aprendizaje de un instrumento, también desarrollan la creatividad a través de la experimentación, la perseverancia a través del esfuerzo y del trabajo constante, la autoestima a través de los pequeños avances, y la motivación y el perfeccionismo cuando empiezan a tener cierto control sobre el instrumento.

Pero sobre todo, tanto la música como su aprendizaje les permite canalizar sus emociones, exteriorizar sus sentimientos, sentirse más felices y comunicarse con sus semejantes de una manera sencilla y armoniosa. ¿Qué más se puede pedir?

Tanto a Pichu (mi compañera de aventuras del Mundo Epi epi A!) como a mi, siempre se nos han dado muy bien los más peques y es por eso que quisimos aprovechar esa conexión de alma a almita para, no sólo entretener y divertir, sino también, enseñar nociones de música a través de las dinámicas que acompañan cada una de nuestras canciones en nuestros conciertos infantiles.
Vente con tu hijo/a, sobrino/a, ahijado/a o nieto/a al próximo y lo comprobarás 

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